Se suponía que sería una entrega sin problemas.
Albert, ingeniero jefe de un fabricante de equipos originales (OEM) especializado en sistemas de climatización (HVAC) para entornos críticos, acababa de entregar una nueva solución de refrigeración a Dorit — la responsable de IT de un centro de datos de alto rendimiento. Habían sido necesarios meses de diseño, ajustes y pruebas para garantizar una eficiencia y fiabilidad óptimas. Albert sabía lo mucho que estaba en juego.
Dorit, a su vez, había confiado en la solución de Albert. Tras una cuidadosa evaluación, decidió invertir en su sistema, segura de que protegería el núcleo de sus operaciones: los datos.
Pero una tarde, todo cambió. Una pequeña falla en un componente del sistema de arranque del motor—un solo contactor— falló durante un reinicio con alta carga. El sistema de refrigeración se apagó. En cuestión de minutos, la temperatura en la sala de servidores comenzó a subir. La infraestructura crítica se tambaleó. Los sistemas se ralentizaron.
Y los datos —enormes, valiosos e irremplazables— estaban repentinamente en riesgo.
Albert se enfrentó a la difícil pregunta: "¿Por qué no lo vimos venir?".
Dorit solo tenía una pregunta: "¿Cuántos datos podemos permitirnos perder por minuto?".